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lunes, 14 de febrero de 2011

EL GRAN JUEGO DE LA GUERRA CIVIL (de Llamamiento y otros fogonazos)

EL GRAN JUEGO DE LA GUERRA CIVIL

REGLA N.º 1

Hasta nueva orden, todos vuestros derechos quedan suspendidos.

Naturalmente, es conveniente que conservéis por

algún tiempo la ilusión de que aún disfrutáis de algunos de

ellos. Por lo que hace a nosotros no los violaremos más que

de uno en uno, y caso por caso.

REGLA N.º 2

Sed considerados: no nos habléis más de leyes, de la

Constitución ni de todas esas elucubraciones de otra época.

Desde hace tiempo, como lo habréis notado, hemos colado

leyes que nos ponen por encima de las leyes, así como, por lo

demás, de esta supuesta Constitución.

REGLA N.º 3

Vosotros sois débiles, estáis aislados, aturdidos, engañados.

Nosotros somos numerosos, estamos organizados, somos

fuertes y lúcidos. Algunos dicen que somos una mafia. Es

falso, somos LA mafia, la que ha vencido a todas las otras.

Sólo nosotros estamos en condiciones de protegeros del

caos del mundo. Es por ello que nos gusta tanto inocularos

el sentimiento de vuestra debilidad, de vuestra “inseguridad”.

Ya que es proporcional a la rentabilidad de nuestros chanchullos.

REGLA N.º 4

Para vosotros el juego consistirá en huir o, al menos, en

intentarlo. Huir significa: superar vuestro estado de dependencia.

Lo cierto es que por ahora dependéis de nosotros en

todos los aspectos de vuestra vida. Coméis lo que nosotros

producimos, respiráis lo que nosotros contaminamos, el

menor resfriado os pone a nuestra merced y, sobre todo, no

podéis nada contra el poder de nuestra policía, a quien hemos

conferido toda la libertad, tanto de acción como de apreciación.

REGLA N.º 5

No lograréis huir solos. Por lo tanto, para comenzar precisaréis

constituir las solidaridades necesarias. Para complicar el

juego, hemos liquidado toda forma de sociabilidad autónoma.

No hemos dejado subsistir más que el trabajo: la sociabilidad

bajo control. Se tratará para vosotros de escapar de él.

Mediante el robo, la amistad, el sabotaje y la auto-organización.

¡Ah!, una precisión: hemos convertido en crimen cualquier

forma de huida.

REGLA N.º 6

No hemos cesado de repetirlo: los criminales son nuestros

enemigos. Pero por esto debéis entender, en primer lugar, lo

siguiente: que nuestros enemigos son criminales. En tanto

que fugitivos potenciales, cada uno de vosotros es también un

criminal en potencia. Por eso es conveniente que conservemos

la lista de números a los que habéis llamado desde vuestro

teléfono, que vuestros móviles nos permitan localizaros

en todo momento y que gracias a vuestra tarjeta de crédito

podamos conocer vuestros hábitos.

En nuestro pequeño juego, aquellos que salen de su aislamiento

se denominan “criminales”. En cuanto a aquellos que

tuviesen la osadía de cuestionar este estatuto, los llamaremos

“terroristas”. Estos últimos pueden ser abatidos en cualquier

momento.

REGLA N.º 8

Somos muy conscientes de que la vida en las filas de nuestra

sociedad contiene tanta alegría como un trayecto en el tren de

cercanías; que el capitalismo no ha producido hasta hoy, en

materia de riqueza, más que una universal desolación; que

nuestro orden carcomido no tiene más argumentos que las

armas que lo protegen. Pero qué queréis: ¡es así! Os hemos

desarmado mentalmente, físicamente; y ahora detentamos el

monopolio de aquello que os prohibimos: la violencia, las

complicidades y la posibilidad de aparición. Francamente, si

estuvieseis en nuestra posición, ¿haríais otra cosa distinta?

REGLA N.º 9

Conoceréis la prisión.

REGLA N.º 10

No hay más reglas. Todos los golpes están permitidos.

lunes, 17 de enero de 2011

Solitú

¿Sabes?, regreso y me pierdo, por fuera y dentro, en cualquier vena que te da forma. Más que lograrlos, me alcanzan destellos de paz y equilibrio en vastas extensiones sin tránsito.

Me hago permeable, frágil.

Busco con mis dedos tu contacto físico para olvidarme de mí y ser más tú, en un diálogo que termina sin sujetos…

Dejo cualquier equipaje para estar en casa donde soy extranjero, aunque, tú sabes, me siento extranjero en todas partes.

No me importa no comprender, no comprenderme, cuando siento amor hacia tantas cosas, atisbos de comunión en medio de rutinas ajenas.

Amo tu soledad que me asusta y cuanto más miedo me da, más cerca me siento de ti.

Ansío elevarme sobre la lógica, la gramática, asumir de forma definitiva mi temporalidad siendo contigo, ojala que en esto al menos, logre no errar el camino.

Ojala, también, me arranques cualquier pretenciosidad en mis palabras; todas mis opiniones; cualquier dolor causado, cualquier libertad quitada; tantas cosas…

Pero me toca de nuevo alejarme y para terminar, te confieso que tengo la esperanza de que, al final del camino, tal vez seamos lo mismo, aunque claro, tú ya debes estar al tanto de estas cosas.

Mi gratitud y mi silencio, que dice más.